Sensores RFID para el futuro
Imagine un interruptor aislado, sin cableado tras la pared y que, al ser pulsado, encienda una lámpara. O una persona ingresada en el hospital y con varios apósitos en su cuerpo midiendo el ritmo cardíaco de forma continua, pero sin conexiones cableadas hacia una máquina. Son sólo dos ejemplos de lo que se podría hacer con los sensores de identificación por radiofrecuencia, o RFID, de largo alcance y con un alto contenido tecnológico que fabrica la empresa Farsens con el fin de plantear soluciones en los dispositivos que no pueden emplear cable.

El abanico de aplicaciones que posibilita esta forma de utilizar los sensores es tan amplia, que puede dar un giro de 180 grados a lo que hoy entendemos por tecnología punta. Esta nueva empresa asentada en Donostia, último spin-off de CEIT, y dirigida por Felipe Sevillano, nació el pasado septiembre y, tan sólo dos meses después, recibió el premio Toribio Echevarría a la nueva empresa 2008.
Sin cables ni batería
Los sensores no son nuevos. Se encuentran en todos los sectores y hay millones de aplicaciones que los usan. Pero Farsens da un paso adelante y destaca por crear tecnología de comunicación inalámbrica que, a pesar de funcionar sin cable y sin batería, permite una comunicación de largo alcance. Introduce un sensor para comunicar algún tipo de dato -una temperatura, una presión…- mediante tecnología «sin cables» propiamente dicha. Destaca, además, la ausencia de batería en estos sensores, lo que supone un reto tecnológico importante porque la energía disponible es muy pequeña por radiofrecuencia.
Sensores cableados hay muchos. ¿Pero dónde se podrían aplicar sin cables? Felipe Sevillano lo plasma con un ejemplo práctico: los coches de alta gama, que llevan un sensor de presión de neumáticos que no puede portar un cable porque las ruedas están en movimiento. «Ese tipo de sensores precisan soluciones inalámbricas», explica. Pero no son los únicos.
Sectores beneficiados
El sector biomédico o de asistencia sanitaria podría ser un gran beneficiario de esta tecnología, pero, junto al sector de la automoción, no es el único. Por ejemplo, una persona mayor que está en su casa y desea instalar un sensor que identifica una caída, puede llevar el sensor colocado en la muñeca, una pulsera o una pegatina, sin cables ni batería. Si se cae, salta una alarma que puede ir a un móvil o a un aparato que recoja esa información.
Sevillano explica que otra de las ventajas de este sistema es que no sería más costoso que otros. De hecho, su precio se abarataría al reducirse el material: «se quitan cables, se rebaja el tamaño y se prescinde de la batería convencional», enumera.
Después de tres años trabajando en este proyecto tecnológico, los integrantes de la actual Farsens vieron que el resultado que habían obtenido tenía mucho valor. Contrataron a una consultoría tecnológica, una empresa alemana, para analizar realmente las posibles aplicaciones de sus investigaciones en el mercado. Y con la ayuda de Bic Berrilan, «que nos ha apoyado desde el principio», recalca Sevillano, pudieron realizar un plan de negocio «detallado y ambicioso».
Los resultados de estos años de trabajo podrían ver la luz este próximo año que está al caer. Para 2009, Farsens tiene previsto lanzar una o dos aplicaciones al mercado, aunque aún está por determinar en qué sector. «Estamos estudiando muy bien el mercado, porque hay que dar con la aplicación que más se esté demandando», explica. «Actualmente hacemos estudios de mercado, y tratamos con los parques tecnológicos, para elegir en qué aplicación nos debemos centrar». Hoy por hoy, Farsens maneja un plan de empresa de I+D+i que cubre los dos próximos años y que está valorado en unos dos millones de euros.
A nivel interno, esta empresa la componen Felipe Sevillano, Mikel Choperena, Iván Rebollo, Daniel Pardo y Eduardo D’Entremont, ingenieros industriales y de telecomunicaciones, provenientes de Tecnum. Sevillano explica que el perfil de los miembros es totalmente diverso: desde el que se ocupa del sector comercial y de desarrollo de negocio hasta el investigador, técnico en I+D… Diferencias que, según explica, «se complementan muy bien». «Somos cinco personas diferentes. Pero no nos peleamos. Todavía nos reímos», bromea.